No creo que haya algo que odie más que el primero de enero.
El primero de enero y mis ganas de matar.
Toda clase de intentos literarios-musicales por hacerlo más ameno. Veintiocho grados centígrados y el ventilador zumbando de aquí para allá en una negación sin tregua.
El cuarto parece un centro de refugiados y lo que menos quiero en el mundo es cocinar.
Insoportablididades frívolas.
sábado, 1 de enero de 2011
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