domingo, 31 de enero de 2010

Hay gente con la que se puede ser linda pero no demasiado =/

sábado, 30 de enero de 2010

del deseo de un clímax (que puede ser blanco)

Todo el misterio del placer en el cuerpo de una mujer yace en la intensidad de la pulsación que procede del orgasmo. A veces es lenta, una -dos- tres, tres palpitaciones que entonces, proyectan un licor ardiente y helado al mismo tiempo que se expande por todo el cuerpo.
Si la palpitación es débil, sorda, el placer es como una ola que se extiende suavemente. La vaina del éxtasis estalla con más o menos energía; cuando es muy elevada, su vibración recorre todos los nervios y todas las células, se transmite a todas y cada una de las porciones del cuerpo. Si la palpitación es intensa, el ritmo y el tiempo son más lentos, y el placer es más duradero. Como flechas de carne elecrizante, una segunda ola de placer se sobrepone a la primera y, acto seguido, una tercera que roza las fibras nerviosas, y ahora, ésta recorre el cuerpo entero igual que una corriente eléctrica. Un arco iris de colores queda estampado en los párpados. Una espuma musical invade los oídos. Es el gong del orgasmo. Algunas veces la mujer sólo siente su cuerpo como si fuese un instrumento tocado con sordina. Otras veces, en cambio, alcanza un clímax que parece que jamás podrá ser sobrepasado. ¡Son tan variados los clímax! Algunos son causados por la ternura, otros, por el deseo, y los hay que son fruto de una palabra o una imagen percibida durante el día. A veces el día mismo exige un clímax, días de sensaciones acumuladas y de sentimientos inexpresados. Hay días que no culminan en un clímax, cuando el cuerpo está dormido o sueña otra clase de sueños. También hay días en que el clímax no es placentero, sino que es dolor, celos, terror, angustia. Y hay días en que el clímax se manifiesta en la creación: un clímax blanco. La revolución es otra clase de clímax. Y la santidad, otra.

Anaïs Nin

viernes, 29 de enero de 2010

Como viajar siempre me hace escribir decidí abrir otro espacio-basura.

Podría vivir en esta casa con gusto. De hecho me hubiera gustado vivir en casa de músicos. Probablemente me afectaría tres veces más la luna llena ¿y qué? Estos días mis actividades se limitan bastante, el sonido del piano reviviendo a Chopin ayuda a que el asunto no se vuelva tedioso.

Me preguntaba hace poco -será la inactividad- si convencerme de un camino y seguirlo con firmeza sea inconveniente tan pronto. Pero es que es tal el despilfarro de energía dispersa que me asusto. Y luego viene Doris Lessing a reforzar el miedo y peor.

Tengo cuadernitos tan llenos de nada, pero escribir se vuelve una necesidad y aquella mala maña de papá también.

Encuentro fragmentos recientes:

"En realidad me gustaría ser como él. Y cuando pensé "él" me refería al señor que está en una silla de aropuerto esperando la hora para entrar a la sala mientras un lustrabotas le brilla los zapatos de cuero. Luego pensé en Iwan, que podría perfectamente ser este señor, aunque no lo imagino dejándose lustrar sus zapatos bonitos de un colombiano cualquiera, con su total desconocimiento del castellano...
Hoy me gustaría verlo. Hoy -sólo hoy- me hace falta su sonrisa amable y desubicada de extranjero irremediable. Me pregunto si a los 33 yo también diré que tuve una relación que duró ocho años y viajaré por el mundo delirantemente. Confieso que me encantaría pero ¿seré demasiado femenina para el asunto?

[...]

El problema es que he perdido la capacidad de hacer ficciones, de ponerme en el lugar de- [...].

Y al otro día, leyendo a Doris Lessing, me encuentro:

No obstante, soy incapaz de escribir la única clase de novela que me interesa: un libro dotado de una pasión intelectual o moral tan fuerte que pueda crear un orden, una nueva manera de ver la vida. Ello se debe, sin duda alguna, a que me he desparramado en exceso. He decidido no volver a escribir una novela. Tengo cincuenta "temas" sobre los que podría escribir, y todos serían suficientemente aptos. [...]. Yo sólo poseo una de las menos importantes cualidades necesarias para escribir: la curiosidad. Es la curiosidad del periodista. Sufro tormentos de frustración y de deficiencia en razón de la imposibilidad de introducirme en las áreas de la vida que mi modo de vivir, mi educación, mi rexo, ideas políticas y diferencias de clase, me prohíben.