viernes, 26 de noviembre de 2010

Encuentros porteños II

Ayer volvíamos de ensayar con Serapia -yo violín en la espalda- y nos dio por entrar a un mercadito a comprar un par de cosas para alimentar nuestros no muy gloriosos cuerpos. En el lugar venden aceitunas, quesos, panes y esas cosas antojadoras y la indecisión me atacaba ligeramente. Había en el lugar siete u ocho personas, suficientes para sus estrechos pasillos en los que no hay manera de caminar de a dos paralelamente. Finalmente me acercaba a la caja preguntándome si lo que tenía en la mano era exactamente lo que quería llevar, cuando una voz femenina me llamó desde atrás: "¡Hey!". Yo me di vuelta suponiendo que había dejado caer algo y me encontré con una mujer de veintitantos años que empujaba un cochecito de bebé.
-¿Sos violinista?-, me preguntó.
-Sí.- Respondí automática, como si nunca lo hubiera dudado...
-¿Y con quién estudiás?-, insistió.
-No, no estoy estudiando ahora.
-¿Por qué?- repuso con cara de extrañada.
-Pues....

Y ahí entré a relatar brevemente la historia, mi condición de extranjera y demás...

-Si querés te recomiendo un profesor- volvió a lanzar. -¿Estás laburando? ¿Estudiaste técnica? Toco en un grupo y es posible que en un tiempo necesiten un violinista, nos presentamos el once de diciembre, vení. Dame tus datos, te doy los míos...- Y ta, ta, ta, ta, disparaba sin parar, penetrante, seductora, calculadora.

Para ilustrar, el grupo es este:  http://www.myspace.com/karenautas y está buenísimo.

Y ella... bueno, me dejó un tris aturdida... ¿Soy violinista?

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