Aclarando.
Skype + una botella de vino: qué loca la posmodernidad.
Me gusta caminar por Corrientes porque es delirante y los idiomas se mezclan y uno no entiende nada.
Tengo -¡al fin!- un mate. Ahora le bajaré al café aún más.
Hoy fui a la expo de Steve McCurry que hay en el Centro Cultural Borges. Esas cosas que no pasan en Bogotá. El tipo de la librería me habló durante diez minutos sin parar sobre la obra de un artista y a mí me entró un ataque de risa. Yo en realidad sólo quería ver el libro de Víctor Chab. Luego me preguntó de qué me reía y pensó que no hablaba castellano, ya más de una vez me ha pasado que creen que no hablo castellano. Parece que es por mi lenguaje gestual.
Después de la conversación con mi madre esta mañana tengo más ganas de entrar a la universidad.
Hoy noté que sé menos Photoshop del que creo saber pero ahí voy aprendiendo.
Finalmente siento que el camino está más o menos claro y al notarlo sentí una levedad deliciosa.
Definitivamente la actividad combate el hambre. ¿Seguiré descendiendo?
Ahora -luego de la claridad- me parece más lindo tener 21 años.
Mi vecino sólo oye tres canciones en su vida, lo voy a odiar. En general el paisaje sonoro de este edificio no es muy agradable, a veces asusta. Pero el bandoneonista lo compensa todo.
Necesito comprar cuerdas pero están caras. Seguiré esperando hasta que ya las circunstancias se hagan insoportables. Hoy no me gustó como me estaba sonando el concierto, demasiado brillante.
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