Si bien esta consciencia tiene mucho encanto, también lo lleva a uno a la posición de observador, excluyéndolo sutil y secretamente de la escena representada. Claro que esta condición nunca ha sido ajena a mí, y ahora que lo pienso veo que tiene mucho de herencia.
Es posible que la escenografía y su necesaria preocupación por el qué (pasa), tenga también algo que ver en esta observación continua del mundo que se me impone últimamente.
Me fragmenté. Paro.
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