viernes, 12 de marzo de 2010

La combinación del viaje y Doris Lessing me tiene en un estado de consciencia de las relaciones, las formas, las personalidades y los sucesos muy extraño. Empiezo a entender el proceso narrativo de reflexionar continuamente lo cotidiano. Una reflexión que se da en el momento justo del suceso pero también -y mucho más- a posteriori.

Si bien esta consciencia tiene mucho encanto, también lo lleva a uno a la posición de observador, excluyéndolo sutil y secretamente de la escena representada. Claro que esta condición nunca ha sido ajena a mí, y ahora que lo pienso veo que tiene mucho de herencia.

Es posible que la escenografía y su necesaria preocupación por el qué (pasa), tenga también algo que ver en esta observación continua del mundo que se me impone últimamente.

Me fragmenté. Paro.

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