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A veces (hoy, por ejemplo) me parece que hemos perdido el juicio a la hora de otorgar a las cosas una posición en una escala de valores. Ya lo decía Enrique Santos Discépolo en aquel inolvidable tango de los años treinta:
- Hoy resulta que es lo mismo
- ser derecho que traidor,
- ignorante, sabio o chorro,
- generoso o estafador...
- ¡Todo es igual!
- ¡Nada es mejor!
- Lo mismo un burro
- que un gran profesor.
- No hay aplazaos ni escalafón,
- los ignorantes nos han igualao.
- Si uno vive en la impostura
- y otro roba en su ambición,
- da lo mismo que sea cura,
- colchonero, Rey de Bastos,
- caradura o polizón.
- ¡Qué falta de respeto,
- qué atropello a la razón!
- Cualquiera es un señor,
- cualquiera es un ladrón...
- Mezclao con Stravisky
- va Don Bosco y La Mignon,
- Don Chicho y Napoleón,
- Carnera y San Martín...
- Igual que en la vidriera
- irrespetuosa
- de los cambalaches
- se ha mezclao la vida,
- y herida por un sable sin remache
- ves llorar la Biblia
- junto a un calefón.
-
-
-
- Tal vez esto parezca contradecir mi asidua defensa de las libertades individuales, pero hay límites. Como decía mi profesor de matemáticas del colegio, no se pueden sumar camisas con pantalones; la falta de rigor científico y filosófico nos ha llevado a ponerlo todo en un mismo costal, a hablar de las cosas como si fueran lo mismo sin serlo. Al parecer los hombres de ciencias exactas son los que más fácilmente notan estas barbaridades que se cometen con conceptos y lenguajes y se agarran la cabeza en un gesto desesperado al oír hablar de arte cuántico o de un marco cartesiano de operaciones de coordenadas causa y efecto.
- Yo realmente creo en la importancia de la interdisciplinariedad y en lo productiva que puede ser la combinación de distintos campos de conocimiento, pero una cosa es esa y otra muy común últimamente es utilizar esta libertad para afirmar cosas sin sentido en un discurso que es tan vacío e incoherente como enredado y lleno de abusos terminológicos orgiásticos.
- Es sabido que la asociación mental no sigue siempre caminos que podrían parecer razonables. Hace unos días mientras comía sola un pedazo de pizza en un famoso lugar de Corrientes, imaginaba una posible conversación con un interlocutor cualquiera. Me pregunté entonces de qué podríamos estar hablando allí a esa hora, y observando el lugar se me ocurrió una gran cantidad de cosas a las que me remitía alguien, un detalle, un color, una forma o un sonido. Luego procedí a suponer qué podría decirme tal o cual persona de esas a las que conozco más o menos bien y así jugué un rato mentalmente. Seguro que si la conversación efectivamente hubiese tenido lugar, no habría seguido el curso imaginado, pero es fascinante hacer el ejercicio de adivinar las absurdas rutas mentales.
- Fue uno de esos caminos que aparentemente no tienen sentido el que me llevó a la reflexión anterior partiendo de una idea sencilla y trivial: hay cosas que parece que las mujeres hoy en día no podemos decir sin sentirnos traicionando la liberación femenina y la dignidad feminista... pero yo quiero decirlo igual. Por ejemplo me encanta la costumbre argentina -extendida sobre todo entre hombres que trabajan en la calle- de decirle a una chica que pasa "qué linda que sos" o de saludarte al pasar. La mayoría de las mujeres pasan de largo con mala cara o sin inmutarse, yo generalmente sonrío y devuelvo el saludo, ¿por qué no? Tampoco me ofende que al pasar frente a un teatro, un viejo que espera quién sabe qué me lance un "Te invito a cine, chiquita"; lo miro, me río y sigo de largo, alegre por esa interrupción absurda. ¿Qué es lo que tiene eso de malo o de abuso o de violencia sexual? Violencia es que te agredan, violenta es una violación o un golpe, no confundamos las cosas, no es todo lo mismo.
y hablaste conmigo? a qué incoherencia llegamos?.
ResponderEliminarTe quiero.
(por cierto, la metáfora de sumar camisas con pantalones está fantástica)
No recuerdo a qué incoherencia llegamos pero seguro que fue muy incoherente.
ResponderEliminarTe quiero también.